Los pacientes que dejan de fumar obtienen resultados similares a los observados en las personas con el VIH que nunca han fumado.

Un estudio cuyos resultados han sido publicados en la revista AIDS ha hallado que fumar duplica la tasa de mortalidad en una cohorte de 17.995 personas con el VIH que estaban recibiendo atención y tratamiento en centros hospitalarios de Europa y EE UU. La investigación también reveló que las personas con el VIH que abandonaron el hábito de fumar tuvieron una tasa de mortalidad similar a la observada en pacientes que nunca habían fumado.

Diversos estudios han puesto de manifiesto que la prevalencia del tabaquismo en personas con el VIH es mayor que en la población general. De hecho, la frecuencia de algunas enfermedades que se relacionan de forma muy estrecha con el uso del tabaco es cada vez mayor en pacientes con el VIH. Por ejemplo, la enfermedad cardiovascular es una causa muy importante de morbimortalidad en estos pacientes. Asimismo, algunos tipos de cáncer, como el de pulmón, se desarrollan con relativa frecuencia en personas con el VIH.

Aunque el uso de la terapia antirretroviral de gran actividad (TARGA) ha aumentado la esperanza de vida de las personas con el VIH, las enfermedades asociadas al envejecimiento –como las cardiovasculares o el cáncer– se han convertido en la actualidad en una causa cada vez más importante de morbimortalidad en estos  pacientes. Los factores que pueden contribuir a un incremento del riesgo de enfermedad cardiovascular o cáncer en pacientes con el VIH son diversos y, entre ellos, figuran la propia infección por VIH (a través de la inflamación crónica y la activación del sistema inmunitario), el uso de ciertos antirretrovirales y factores de riesgo tradicionales (como el tabaco y el sedentarismo). Entender mejor cuáles de estos riesgos tienen un mayor impacto sobre ciertas enfermedades asociadas a la edad puede contribuir al desarrollo y la implementación de estrategias preventivas y de manejo clínico de estas afecciones.

Un estudio realizado en 2013, que contó con la participación de pacientes daneses con el VIH, halló que el tabaco fue responsable de más del 60% de las muertes registradas. Además, el estudio también reveló que un hombre con el VIH fumador y de 35 años de edad podría perder más años de vida a causa del tabaquismo que como consecuencia de la propia infección por VIH.

Los investigadores daneses de este estudio en colaboración con un equipo internacional de investigadores de ambos lados del Atlántico quisieron examinar si los hallazgos observados se repetían en otras ciudades de Europa y EE UU.

Para evaluar cómo afecta el tabaquismo a la tasa de mortalidad de personas con el VIH, los investigadores combinaron los datos de ocho cohortes de pacientes. Entre los criterios de inclusión del estudio, figuraban que los pacientes hubieran iniciado tratamiento antirretroviral entre enero de 1996 y diciembre de 2008; que continuaran vivos un año después del inicio del tratamiento; que el historial médico incluyera datos del hábito tabáquico del paciente; y que no fueran usuarios de drogas inyectables.

Los investigadores determinaron los fallecimientos durante el estudio por medio de los registros nacionales de mortalidad, los registros de las cohortes y los informes médicos. Identificaron una causa para cada una de las muertes por medio de un método informatizado desarrollado por investigadores franceses del VIH. El equipo de investigadores atribuyeron la causa de muerte al sida cuando una persona padecía una enfermedad grave asociada a sida o un recuento de CD4 por debajo de las 100 células/mm3 en el momento del fallecimiento. El resto de muertes las clasificaron como fallecimientos no asociados a sida. Se utilizaron los datos de la cohorte para clasificar a cada individuo como fumador o no fumador. En ciertos grupos de pacientes, los investigadores pudieron clasificar a los participantes como fumadores en activo, ex fumadores o persona que nunca han fumado.

Los investigadores utilizaron cocientes de riesgo para comparar las tasas de muerte en fumadores y no fumadores. Este tipo de análisis tiene como objetivo sopesar el impacto de los factores estándar de riesgo de muerte como edad y sexo y factores de riesgo específicos del VIH, como recuento de células CD4 y tiempo tomando tratamiento antirretroviral. Además, se utilizaron análisis estadísticos estándar para calcular la esperanza de vida en hombres y el exceso de mortalidad como consecuencia del tabaquismo. Los investigadores decidieron no evaluar la esperanza de vida en mujeres dado que el tamaño de la muestra de mujeres no fumadoras era muy reducido, lo que impedía el análisis estadístico.

Los investigadores compararon la tasa de mortalidad de los hombres con el VIH del estudio con la tasa observada en la población general de hombres en Francia.

El estudio incluyó un total de 17.995 personas con el VIH procedentes de ocho centros: dos en Francia y uno en Italia, Suiza, Países Bajos, Alemania, Reino Unido y EE UU. La mayoría de los participantes eran hombres (71%); un 71% tenía la carga viral por debajo de las 400 copias/mL y un 56%, un recuento de CD4 por encima de 350 células/mm3. En tres cohortes de pacientes, los investigadores clasificaron a 9.476 participantes como fumadores o no fumadores, y en cinco cohortes, a 8.519 individuos como personas fumadoras en activo, ex fumadoras o personas que nunca habían fumado.

Los fumadores tuvieron una mediana de edad superior (40 años) a la de los no fumadores (38 años). La proporción de hombres fue del 81% entre los fumadores y del 57% entre los no fumadores. La proporción de hombres gais y otros hombres que practican sexo con otros hombres (HSH) también fue elevada entre los fumadores (45%) y los no fumadores (30%).

Todos los participantes habían estado tomando tratamiento antirretroviral durante, como mínimo, 1 año cuando se inició el seguimiento del estudio. Durante un período mediano de estudio de aproximadamente 4 años, las tasas de mortalidad general fueron de 7,9 por 1.000 persona-años entre los fumadores y de 4,2 por 1.000 persona-años entre los no fumadores. Los análisis estadísticos que compararon a fumadores con no fumadores determinaron que los fumadores duplicaban la tasa de mortalidad (cociente de riesgo: 1,94). En el caso de las cohortes con pacientes fumadores en activo, ex fumadores y personas que nunca habían fumado, los investigadores hallaron que la tasa de mortalidad en los fumadores en activo era un 70% más elevada que la observada en personas que nunca habían fumado (cociente de riesgo: 1,70). Además, el análisis mostró que la tasa de muerte no difirió de forma significativa entre los ex fumadores y las personas que nunca habían fumado.

Los investigadores clasificaron un 29% de los óbitos como muertes asociadas a sida y un 71%, como muertes no asociadas a sida. En comparación con los no fumadores, las personas fumadoras tuvieron una tasa de muerte no asociada a sida 2,6 veces más elevada; una tasa de muerte por cáncer no asociado a sida 3 veces más elevada; una tasa de muerte por enfermedad cardiovascular 6 veces más elevada; y una tasa de muerte por hepatopatía casi 9 veces más elevadas. Un total de 34 fumadores y no fumadores fallecieron por cáncer de pulmón.

Las personas fumadoras tuvieron un promedio de 8 años menos de esperanza de vida que las personas no fumadoras de la población general.
Por lo tanto, el estudio mostró que un hombre con VIH de 35 años de edad y no fumador perdería un promedio de 5,9 años de vida como consecuencia de la infección por VIH en comparación con un hombre de su misma edad, no fumador, de la población general. Si al ejemplo se añade el consumo de tabaco, el individuo perdería 7,9 años de vida. Dicho en otras palabras, en este estudio, fumar supuso una pérdida de 2 años de vida más que la propia infección por VIH en hombres de 35 años de edad. En hombres de 65 años de edad, fumar supuso una pérdida de 6,6 años de vida en comparación con los solo 2,9 años perdidos por la infección por VIH, una diferencia de casi 4 años.

Por último, el exceso de mortalidad asociado al tabaquismo aumentó de forma considerable con la edad, incluso más que el exceso de mortalidad asociado a otros factores relacionados con el VIH. Según los investigadores, de este dato se puede desprender que en los próximos años podría producirse un aumento de la mortalidad asociada al tabaquismo como consecuencia del envejecimiento de las personas con VIH en Europa y EE UU.

A la luz de los resultados de este estudio y de otros similares, parece importante integrar programas de asesoramiento y apoyo en las visitas rutinarias de seguimiento del VIH. De este modo, las personas seropositivas podrían conocer mejor los riesgos del tabaquismo en el contexto de la infección por VIH, así como recibir ayuda apropiada en caso de que decidan abandonar el hábito de fumar.

 

Fuente: TheBodyPro
Referencia: Helleberg M, May MT, Ingle SM, et al. Smoking and life expectancy among HIV-infected individuals on antiretroviral therapy in Europe and North America. AIDS. 2015;29:221-229.

Helleberg M, Afzal S, Kronborg G, et al. Mortality attributable to smoking among HIV-1-infected individuals: a nationwide, population-based cohort study. Clin Infect Dis. 2013;56:727-734.

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